Islas en la Red

17.2.05

Identidad

En el número de enero de la edición española de Le Monde Diplomatique, me encontré con un largo poema-diálogo del poeta palestino Mahmoud Darwich, dedicado al recientemente falllecido Edward Said. El poema es una especie de conversación entre el poeta y Said, o con las ideas que conformaban la personalidad intelectual de Said. Una hermosa elegía. Me permito reproducir aquí un fragmento dedicado, por así decirlo, al tema de la identidad. La identidad es una de esos conceptos arrojadizos, usualmente empleado para justificar cualquier desmán.A veces tengo la impresión de que a los bien alimentados europeos nos encanta hablar y pelear alrededor de un concepto tan complicado de definir como la identidad (la individual y más aun, la colectiva), mientras a nuestras oriilas arriban personas que arrojan por la borda sus documentos "de identidad", tratando de ser nadie, simplemente para poder ser. La reflexión de Said-Darwich, en este sentido, me parece muy sugerente y positiva, más aún si se tiene en consideración la condición nacional de ambos autores.

Les dejo con ellos:

Dice: soy de allá. Soy de aquí y no estoy ni allá ni aquí. Tengo dos nombres que se encuentran y se separan, dos lenguas, pero olvidé cual era la de mis sueños. Tengo una lengua inglesa, de vocabulario dócil, para escribir. Y otra llegada de las conversaciones del cielo con Jerusalén. Su timbre es plateado, pero es reacia a mi imaginación.

¿Y la identidad? Dije.

Contestó: Autodefensa... Dada en el nacimiento, la identidad es finalmente moldeada por quien la lleva, no es herencia. Soy el múltiple...En mí mi afuera renovado. Pero pertenezco a la interrogación de la víctima.

(...)

Así que lleva tu tierra natal adonde vayas y si hace falta sé narcisista.
Exilio, el mundo exterior. Exilio, el mundo oculto ¿Quien eres entre ellos?

No me presento por miedo a perderme. Soy quien soy.
Soy mi otro en una dualidad armoniosa de palabra y signo.
Si hubiera sido poeta, hubiera escrito:
Soy dos en uno, como las alas de una golondrina.
¡Y si la primavera tarda en llegar, me conformo con anunciarla!

Ama países y los abandona (¿Está lejos lo imposible?) Le gusta migrar hacia otra cosa. Porque en el viaje libre entre las culturas, hay lugar para todos los que partieron a buscar la esencia del hombre.

Resulta que una periferia avanza, que un centro retrocede. Oriente no es totalmente Oriente, ni Occidente, Occidente. Y la identidad es abierta y múltiple.

No es ciudadela ni trinchera.

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